lunes, 6 de octubre de 2014

Henry Ramos Allup: La falsedad de algunos lugares comunes


Muchas veces repetimos sin razonar falsos lugares comunes que en cierto modo nos condenan a fatalidades irracionales. Se dice, por ejemplo, que «los pueblos tienen los gobiernos que se merecen», lo cual equivaldría admitir que la nación que tiene un gobierno bueno es porque se lo ha ganado en premio de sus virtudes colectivas y, en su opuesto, la  que tiene un gobierno malo es en castigo o penitencia de sus pecados sociales. Situados en nuestra latitud, no creo que los venezolanos seamos malos al punto de merecer el gobierno que padecemos. Otro lugar común, especialmente demagógico, reza que «el pueblo nunca se equivoca», pero con solo revisar la historia nos encontramos conque los pueblos yerran más a menudo de lo deseable y que ello no tiene nada de insólito, pues, si como individuos somos falibles y erráticos también lo somos cuando nos agrupamos en la totalidad social.

También se repite tontamente que «estamos como estamos porque aquellos polvos trajeron estos lodos», con lo cual se quiere significar que la actual situación es la consecuencia necesaria de una mala situación precedente y que, así las cosas, la dinámica de esta tragedia debería llevarnos de peor a pésimo hasta el final de los tiempos. Esta reverenda estupidez equivaldría a afirmar, por ejemplo, en una especie de interpretación matemática de la historia, que si algún país tiene actualmente un gobierno bueno es porque todos sus gobiernos precedentes también fueron buenos y que si algún país padece un gobierno malo es porque todos sus anteriores también lo fueron. En este caso se ignora absurdamente, que cualquier país puede tener actualmente un buen régimen independientemente de que el anterior haya sido bueno o malo, y asimismo que el país que actualmente tenga un gobierno malo, en el futuro podría tener un gobierno igualmente malo o peor pero también mejor.

Las  teorías e interpretaciones pseudo científicas de los procesos sociales, sean mecanicistas, biologistas, historicistas, economicistas, clasistas y deterministas ( racialistas o geográficas), en cuyo nombre se han cometido las peores atrocidades de la historia humana,  tienen la marca indeleble del fundamentalismo fascista de derecha o de izquierda. Sépase, además, que los procesos sociales no se rigen por el principio de causalidad propio y típico de los procesos de la naturaleza, sino por el principio de finalidad que no guarda relación alguna ni con leyes fatales ni con axiomas sobrenaturales. Si bien cada proceso biológico responde a la relación ineluctable causa-efecto, cada proceso social, en cambio,  tiene su propia dinámica y su propia autonomía caracterizadas por las particularidades de las sociedades en que se producen. En los procesos de la naturaleza, causas iguales producen consecuencias iguales, pero en los procesos sociales causas idénticas o meramente parecidas a menudo producen consecuencias distintas. Una cosa es la naturaleza y otra cosa es la sociedad. Atar la vida social a fatalidades causalistas es negar toda invectiva y progreso humanos, es ignorar que la historia de los pueblos es diversa y distinta y que oscila entre progresos y regresiones donde los primeros suelen superar a los segundos, hecho que lo comprueba la simple observación de que los actuales seres humanos somos individual y socialmente superiores a nuestros ancestros de Neanderthal.
Tomado de: http://acciondemocratica.org.ve/adport/henry-ramos-allup-la-falsedad-de-algunos-lugares-comunes/?utm_medium=twitter&utm_source=twitterfeed#sthash.IndqiplJ.dpuf

Muchas veces repetimos sin razonar falsos lugares comunes que en cierto modo nos condenan a fatalidades irracionales. Se dice, por ejemplo, que «los pueblos tienen los gobiernos que se merecen», lo cual equivaldría admitir que la nación que tiene un gobierno bueno es porque se lo ha ganado en premio de sus virtudes colectivas y, en su opuesto, la  que tiene un gobierno malo es en castigo o penitencia de sus pecados sociales. Situados en nuestra latitud, no creo que los venezolanos seamos malos al punto de merecer el gobierno que padecemos. Otro lugar común, especialmente demagógico, reza que «el pueblo nunca se equivoca», pero con solo revisar la historia nos encontramos conque los pueblos yerran más a menudo de lo deseable y que ello no tiene nada de insólito, pues, si como individuos somos falibles y erráticos también lo somos cuando nos agrupamos en la totalidad social.
También se repite tontamente que «estamos como estamos porque aquellos polvos trajeron estos lodos», con lo cual se quiere significar que la actual situación es la consecuencia necesaria de una mala situación precedente y que, así las cosas, la dinámica de esta tragedia debería llevarnos de peor a pésimo hasta el final de los tiempos. Esta reverenda estupidez equivaldría a afirmar, por ejemplo, en una especie de interpretación matemática de la historia, que si algún país tiene actualmente un gobierno bueno es porque todos sus gobiernos precedentes también fueron buenos y que si algún país padece un gobierno malo es porque todos sus anteriores también lo fueron. En este caso se ignora absurdamente, que cualquier país puede tener actualmente un buen régimen independientemente de que el anterior haya sido bueno o malo, y asimismo que el país que actualmente tenga un gobierno malo, en el futuro podría tener un gobierno igualmente malo o peor pero también mejor.
Las  teorías e interpretaciones pseudo científicas de los procesos sociales, sean mecanicistas, biologistas, historicistas, economicistas, clasistas y deterministas ( racialistas o geográficas), en cuyo nombre se han cometido las peores atrocidades de la historia humana,  tienen la marca indeleble del fundamentalismo fascista de derecha o de izquierda. Sépase, además, que los procesos sociales no se rigen por el principio de causalidad propio y típico de los procesos de la naturaleza, sino por el principio de finalidad que no guarda relación alguna ni con leyes fatales ni con axiomas sobrenaturales. Si bien cada proceso biológico responde a la relación ineluctable causa-efecto, cada proceso social, en cambio,  tiene su propia dinámica y su propia autonomía caracterizadas por las particularidades de las sociedades en que se producen. En los procesos de la naturaleza, causas iguales producen consecuencias iguales, pero en los procesos sociales causas idénticas o meramente parecidas a menudo producen consecuencias distintas. Una cosa es la naturaleza y otra cosa es la sociedad. Atar la vida social a fatalidades causalistas es negar toda invectiva y progreso humanos, es ignorar que la historia de los pueblos es diversa y distinta y que oscila entre progresos y regresiones donde los primeros suelen superar a los segundos, hecho que lo comprueba la simple observación de que los actuales seres humanos somos individual y socialmente superiores a nuestros ancestros de Neanderthal.
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Muchas veces repetimos sin razonar falsos lugares comunes que en cierto modo nos condenan a fatalidades irracionales. Se dice, por ejemplo, que «los pueblos tienen los gobiernos que se merecen», lo cual equivaldría admitir que la nación que tiene un gobierno bueno es porque se lo ha ganado en premio de sus virtudes colectivas y, en su opuesto, la  que tiene un gobierno malo es en castigo o penitencia de sus pecados sociales. Situados en nuestra latitud, no creo que los venezolanos seamos malos al punto de merecer el gobierno que padecemos. Otro lugar común, especialmente demagógico, reza que «el pueblo nunca se equivoca», pero con solo revisar la historia nos encontramos conque los pueblos yerran más a menudo de lo deseable y que ello no tiene nada de insólito, pues, si como individuos somos falibles y erráticos también lo somos cuando nos agrupamos en la totalidad social.
También se repite tontamente que «estamos como estamos porque aquellos polvos trajeron estos lodos», con lo cual se quiere significar que la actual situación es la consecuencia necesaria de una mala situación precedente y que, así las cosas, la dinámica de esta tragedia debería llevarnos de peor a pésimo hasta el final de los tiempos. Esta reverenda estupidez equivaldría a afirmar, por ejemplo, en una especie de interpretación matemática de la historia, que si algún país tiene actualmente un gobierno bueno es porque todos sus gobiernos precedentes también fueron buenos y que si algún país padece un gobierno malo es porque todos sus anteriores también lo fueron. En este caso se ignora absurdamente, que cualquier país puede tener actualmente un buen régimen independientemente de que el anterior haya sido bueno o malo, y asimismo que el país que actualmente tenga un gobierno malo, en el futuro podría tener un gobierno igualmente malo o peor pero también mejor.
Las  teorías e interpretaciones pseudo científicas de los procesos sociales, sean mecanicistas, biologistas, historicistas, economicistas, clasistas y deterministas ( racialistas o geográficas), en cuyo nombre se han cometido las peores atrocidades de la historia humana,  tienen la marca indeleble del fundamentalismo fascista de derecha o de izquierda. Sépase, además, que los procesos sociales no se rigen por el principio de causalidad propio y típico de los procesos de la naturaleza, sino por el principio de finalidad que no guarda relación alguna ni con leyes fatales ni con axiomas sobrenaturales. Si bien cada proceso biológico responde a la relación ineluctable causa-efecto, cada proceso social, en cambio,  tiene su propia dinámica y su propia autonomía caracterizadas por las particularidades de las sociedades en que se producen. En los procesos de la naturaleza, causas iguales producen consecuencias iguales, pero en los procesos sociales causas idénticas o meramente parecidas a menudo producen consecuencias distintas. Una cosa es la naturaleza y otra cosa es la sociedad. Atar la vida social a fatalidades causalistas es negar toda invectiva y progreso humanos, es ignorar que la historia de los pueblos es diversa y distinta y que oscila entre progresos y regresiones donde los primeros suelen superar a los segundos, hecho que lo comprueba la simple observación de que los actuales seres humanos somos individual y socialmente superiores a nuestros ancestros de Neanderthal.
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